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Anécdotas

Amiga nudista por sorpresa

Erns (24/03/2022)

Dado que llevo practicando nudismo desde pequeño, las primeras veces fuero a finales de los 70, con mis padres y siendo un crío. A mis actuales 50 años tengo mil anécdotas.

Hoy quiero contaros la que me ocurrió el último verano.

Llevaba algún tiempo sin ver a una de mis mejores amigas. Me llamó por sorpresa para decirme que estaba en Málaga, que tenía poco tiempo y que le apetecía muchísimo que nos viéramos.

Le dije que estaba en Almayate y que pensaba pasar el medio día y la tarde allí, así que quedamos. Era la primera vez que ella iba a una playa nudista y no se atrevió a desnudarse. Pasamos una buena tarde, yo desnudo y ella con su bikini.

Pasada una semana volvió a Málaga y quedamos en el mismo sitio. Yo le comenté que si prefería otro lugar, no había problema, pero ella insistió en repetir.

Esta segunda vez, inicialmente se quedó en topless. Pasado un rato y con un calor de consideración, decidimos ir al agua. Cual fue mi sorpresa cuando antes de meternos en el mar se deshizo de la parte de abajo del bikini, que nunca más se volvió a poner. Desde ese día siempre que viene a Málaga me pide que la lleve a alguna playa nudista y me agradece que la animara a probarlo.



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Dos mironas con poco disimulo

Nacho (09/09/2021)

Buenas, nudistas. Soy Nacho. Ya he escrito alguna vez por aquí para contar mi primera vez y un par de anécdotas más (Corriendo tras la sombrilla y La clave es la naturalidad).

Suelo hacer nudismo en la zona de Rompeculos y Cuesta Maneli (Huelva). Son playas, o más bien una sola larguísima, donde se practica el nudismo, aunque no hay ninguna zona estrictamente reservada para ello y es muy frecuente que los no nudistas paseen por la orilla y lleguen hasta sitios en los que se suele poner más gente en bolas.

A mí eso es algo que nunca me ha importado. Mi lema es «al que no le guste, que no mire, y al que le guste, que mire y lo cuente». Vamos, que disfruten. ¿Qué puedo decir? Si a alguien le gusta lo que ve cuando estoy desnudo, teniendo un cuerpo de lo más normalito, pues yo encantado.

El caso es que siempre me ha hecho mucha gracia la gente que pasea por la orilla y se cruza con nudistas porque suelen intentar disimular que están mirando lo que están mirando. Insisto, a mí no me importa que miren, pero me parece gracioso que intenten hacer como que no están mirando.

De hecho, a veces voy yo desnudo por la orilla, voy a cruzarme con alguien y no les miro directamente hasta que de repente sí lo hago y automáticamente desvían su mirada, giran la cabeza o intentan disimular de formas muy variadas. Me parece graciosísimo. Otras veces evito mirarles para que así puedan hacerlo ellos con libertad. Pobrecitos. Aunque, por supuesto, también los hay que miran sin disimulo ninguno… y hacen bien. Lo que se van a comer los gusanos que lo disfruten los cristianos.

Pues bien, hace algunas semanas en Rompeculos me crucé con dos chicas. Cuando estaban cerca de mí las dos se pusieron sus gafas de sol, lo cual fue muy curioso porque estaba nublado y porque lo hicieron las dos a la vez. Eran además de esas gafas que no son oscuras, sino prácticamente espejos para el que está delante, por lo que quien las lleva está confiado en que nadie puede ver hacia dónde están mirando. Pero el movimiento de las cabezas tampoco dejó mucha duda cuando nos cruzamos a unos pocos metros.

Aunque ya digo que me da igual que me miren (si me importase no me pondría en bolas en un lugar público a la vista de todos), sí me dio un poco de coraje que me tomasen en cierta forma por tonto al creer que por ponerse las gafas de sol yo no me iba a dar cuenta de que me estaban mirando, así que se me ocurrió idear un plan para que se dieran cuenta no sólo de que sabía que me miraban, sino de que no me importaba en absoluto.

Cuando las vi volver por donde se habían ido (eran textiles de los que recorren la parte nudista y después se dan la vuelta), cogí mi móvil y fui directo hacia ellas. Lo más gracioso fue que volvió a pasar lo mismo: se volvieron a poner las gafas de sol conforme se acercaban. Y es que, al estar nublado, en ese momento, aún por la mañana, los únicos nudistas éramos un hombre ya mayor que estaba bastante lejos y apartado de la orilla, y yo, que estaba muy cerca del mar. Imagino entonces que al pasar la primera vez a mi lado se las quitarían enseguida al no ver a ningún otro tío desnudo a la vista.

Total, que veo que se vuelven a poner las gafas, me acerco y les digo dándoles mi móvil: «perdonad, ¿me podéis hacer una foto?». Una de ellas, muy amablemente accedió, me cogió el móvil, me preguntó qué parte quería que se viera del paisaje y me hizo un total de tres fotos desde distintas posiciones. Evidentemente, tuvo oportunidad de verme de arriba a abajo todo lo que quiso, como también lo hizo su amiga, que durante todo el proceso mantuvo su cabeza (y evidentemente también sus ojos tras las gafas de sol) dirigidos hacia mí. ¿Querían mirarme disimuladamente? Pues, queridas mías, que sepáis que me da igual y que incluso os lo he puesto más fácil para que disfrutéis sin tener que disimular.

La verdad es que me gustó mucho hacer mi pequeño teatrillo, así que no lo descarto para próximas ocasiones. Que miren sin disimulo. Que miren, que miren, que es gratis.

Nacho.



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Saliendo del armario

Juli (25/07/2021)

Mi mujer, Sara, y yo somos nudistas desde hace un par de años.

No somos de los que lo vamos anunciándolo pero, en general, si surge la conversación, tampoco lo ocultamos. Algunos amigos lo saben, y más de uno también dice haberlo practicado, al menos, alguna vez. Mis suegros lo saben, y alguna vez nos han acompañado a playas nudistas, aunque ellos no lo practican y a mi familia se lo hemos contado, pero más como si fuera una locura de esas que se hacen una vez en la vida.

Hace un par de semanas, estando con otra pareja de amigos en la Playa del Rebollo, nos hicimos unas cuantas fotos al natural. Viéndolas en casa, nos gustaron mucho dos que nos habían hecho de espaldas mirando al mar, una sentados en la arena en la que no se veía gran cosa y otra de pie. Le sugerí que las subiera a su Insta, yo no tengo, y de primeras se negó en redondo, pero más tarde, tomando una copa, retomé el tema, diciendo que es algo de lo que disfrutamos mucho y que muchos de nuestros amigos desconocen y que además, es una forma de normalizar el nudismo.

No sé si fueron los argumentos o las copas, pero en ese mismo momento subió la foto sentados, la más discreta. Tampoco le apetece mostrar su trasero a todo el mundo. Hubo un montón de reacciones, casi todas con sorpresa, y todas positivas (emojis de aplausos, admiración, etc.).

Eso sí, un par de días después me la devolvió con el argumento de la naturalidad y la normalización del nudismo. Subió una foto mía, de espaldas que es lo que admite Insta, bastante menos discreta.

No tardó nada en mandarme la foto mi hermana, que la había capturado, muerta de la risa y que evidentemente había compartido con el grupo familiar de whattsapp. Ahora ya lo sabe todo el mundo.