La primera vez: Sonia

Relatos del primer contacto con el nudismo / naturismo

Sonia (27/07/2019)

Soy Sonia y quiero contaros mi primera vez en una playa nudista.

Aunque José ya lo contó con bastante detalle, me gustaría contaros cómo me sentí y cómo fui cambiando de opinión, desde mi oposición total a acabar desnuda en playa.

Después de nuestra visita a la oficina de turismo, José me había propuesto varias veces que hiciésemos la ruta de los acantilados, yo siempre decía que estaba cansada, que era una paliza, pero en realidad no me seducía nada la idea de acabar en una playa nudista, pero eso no lo mencionaba.

El caso es que un día finalmente hicimos la rutilla de marras. Al principio los dos íbamos callados, pero yo no podía evitar sacar el tema de la playita en cuestión, y decidí iniciar la conversación, que fue más o menos así:

– Pues no me apetece nada lo de acabar en una playa nudista
– Tampoco pasa nada, ya nos dijeron que hay gente desnuda y gente con bañador, no es obligatorio ponerse en bolas, además ya oíste a mamá, hay que probar de todo.
– Claro, y entonces tú te vas a poner en bolas, ¿no?
– Pues a lo mejor, yo ya he hecho alguna escapadita, y me encanta.

Entonces me contó sobre su primera vez, otras veces que se había escapado solo y alguna con amigos, que era una pasada bañarse en bolas y todo eso. La verdad es que yo sí me había bañado una vez en bolas y como no quería quedar como una pardilla se lo conté:

– Yo me bañé una vez en pelotas y la verdad es que mola.
– ¿¿¿En serioooo???
– Sí, ¿qué te crees?. Fue en casa de Sara (es una amiga que tiene una casa con piscina en el pueblo), nos bañamos por la noche y cuando estábamos dentro del agua, se quitó el bikini, y terminamos haciendo lo mismo Esther y yo. Tengo que reconocer que mola, pero una cosa es hacerlo en una piscina de noche con dos amigas y otra con un montón de gente mirando, y mucho menos contigo.
– Por lo de la gente ni lo pienses, la gente va a su rollo, no va fijándose en los demás. Lo de hacerlo con un familiar, da corte, pero si lo piensas tendría que ser lo más normal del mundo.
– Claro, y por eso tú te vas a poner en pelotas aunque esté yo delante.
– Pues seguramente.
– Ya eso dices ahora, pero ni de coña.

Seguimos con la ruta, que es una pasada y llegamos a la ría. Efectivamente, al principio la mayoría de la gente estaba en bañador pero empezabas a ver alguna persona desnuda. Yo no quería parecer indiscreta y miraba para otro lado o hacía abajo. Según avanzábamos había menos gente, pero casi todos en bolas. Vimos un hueco, extendimos las toallas, me senté y José dijo -Allá voy- y se quitó el bañador.

Aluciné, no pensaba que lo fuera a hacer, no sabía donde mirar, hasta que se fue al agua y me quedé mirándole cómo andaba con el culete al aire. Flipándolo me fui al agua con él y al poco me acostumbré a estar con él así.

Tengo que reconocer que tenía unas ganas que te mueres de quitarme yo también el bikini, pero pensaba que en cuanto lo hiciera todo el mundo iba a clavar la mirada en mí, pero lo que me mataba era la idea de que mi hermano me viera desnuda, aunque él ya lo estaba.

Al salir nos tumbamos en las toallas. Así tumbada boca abajo aproveché para mirar a mi alrededor y comprobé que era la única con el bikini al completo. Todo el mundo estaba en bolas y varias mujeres en topless. Me senté y me quité la parte de arriba, cosa que llevaba un rato deseando hacer y vi que no pasaba nada, nadie me miraba y José, superdiscreto lo único que hizo fue sonreírme.

Al final de la tarde recibimos un mensaje de mis padres diciendo que un rato venían a buscarnos, como teníamos tiempo para un último baño nos fuimos al agua. Una vez dentro mi hermano me dijo -¿Qué, no te animas?-

Ya no había apenas nadie cerca y dentro del agua no se veía si llevabas algo o no, me quité la braguita del bikini y me la até a la muñeca. El agua estaba bastante fría, así que al poco dije que me salía. Mi intención inicial era volver a ponerme el bikini, pero viendo que no había gente pensé, ahora o nunca, salí tal cual del agua y me tumbé en la toalla.

Al poco, ya con mi hermano tumbado al lado, pensé que era el momento de darse la vuelta, y no os cuento lo que me costó. Sé que parezco idiota, pero una cosa es que te vean el culo, y otra de frente, incluso me planteé volver a ponerme el bikini, pero no lo hice, sin decir nada, como si no pasara nada, pero con el corazón latiendo a tope.

Una vez secos, ya nos íbamos a vestir cuando José dijo lo de:

– Tenemos que inmortalizar este momento, vamos a hacernos una foto.
– Ni de coña
– Venga que sí, ya verás dentro de unos años como te hace gracia, vamos, con tu teléfono. Nos la hacemos de espaldas, enseñando solo el culo.
– Venga vale, pero de espaldas

Nos levantamos y le pedimos a una chica que estaba con sus niños que nos hiciera una foto mirando al mar. Nos hizo unas cuantas por si acaso y al darnos la vuelta nos dijo -Esperad, otra- No era lo que estaba previsto, pero nos quedamos pillados sin saber que decir, así que no hizo otras dos de frente.

Nos devolvió el móvil, miramos las fotos y estuvimos charlando un rato con ella y la verdad, parecía de los más normal estar hablando allí en pelotas con alguien que no conocíamos de nada.

El resto ya lo conocéis, enseñarles la fotos a mis padres y todo eso.

Desde entonces ha cambiado alguna cosa, una actitud bastante más relajada en cuanto a andar en casa en paños menores y tengo que confesar que solo pude repetir un finde el verano pasado porque me tocó trabajar, pero este año volvemos una semanita a Isla. Seguro que repetimos.