Cómo vi la Pronudista 2008

Yo estuve allí: Cómo vi la Pronudista 2008

Joaquín (17/06/2008)

Salí de casa a eso de las 9:30, pues pensaba ir andando y vivo a unos 13 Km de la fuente de Neptuno, lugar de reunión. Salí de casa como mi madre me puso en el mundo, aunque un poco más crecido.

Después de caminar por la calle unos dos o tres Km, sin ningún incidente, y sin ningún problema con los demás viandantes, me paró un policía indicándome que así no podía ir por la calle. Yo le intenté convencer de que sí pero no lo conseguí, a pesar de enseñarle la sentencia judicial de Jacint Ribas donde pone explícitamente: “no ha quedado acreditado que en algún ártículo se prohiba ir desnudo por las vías públicas”. Me preguntó que porqué iba así y le informé de que iba a la manifestación pronudista, que pretendía que se conociese que el nudismo no es delito y que está permitido en cualquier lugar público, y que por lo tanto me parecía la indumentaria más adecuada para ello.

Poco después llegó un coche de policía y me hicieron montar en la parte de detrás del coche patrulla, mientras me indicaban que mi actitud era constitutiba de delito. Yo, por mi parte, seguí intentando convencerles de lo contrario.

Al poco, llegó una ambulancia del SAMUR, con tres profesionales del SAMUR de los cuales supongo que, al menos uno de ellos, era psicólogo. Me empezarón a hacer preguntas, para comprobar si estaba loco. Quedaron convencidos de que no, y se fueron.

Los cinco policías hablaban entre ellos y por radio, mientras intentaban amedrentarme diciéndome que quizá pasaría la noche en el calabozo. Les pregunté si tenían buenos colchones en el calabozo pero, al parecer, ni siquiera tienen colchones. En fin, yo soy de sueño fácil y duermo bien en cualquier sitio.

Entre ellos decían que necesitaban una denuncia de alguien, pero que claro, que la gente es muy cómoda y no denuncian. Al final, con todo el dolor de su corazón me abrieron la puerta del coche patrulla y me dijeron que podía seguir.

Como parecía claro que en cuanto consiguieran que alguien me denunciara me iban a llevar a comisaría y no podría llegar a la manifestación, me di la vuelta y me fui por mi coche. En coche llegué al centro de Madrid. Aparqué junto al Retiro y salí del coche sin ropa. Bajé por la calle de Alcalá, llena de gente, incluidos padres con hijos, que no hacían ningún comentario de enfado. Me pasé por Cibeles para ver como iba la ciclonudista. Había un montón de gente, todavía con la ropa puesta. Alguien decía: “mira, el primero”. Me metí por el bulevar central y me encaminé hacia la plaza de Neptuno.

Una vez en Neptuno busqué a ver si veía un grupo de nudistas. Pero no veía nada. Por detrás se me acercó Luis y me preguntó si iba a la manifestación pronudista. Me pregunto cómo fue capaz de saberlo, para preguntármelo precisamente a mí y no a los demás que iban por allí.

En la manifestación había sólo siete personas más: Luis, su esposa, y cuatro hombres más. No apareció nadie más. Alguno de ellos creía que entre las personas de alrededor había varios que habían ido a la manifestación, pero no se atrevieron a unirse al verla tan magra.

A la hora señalada Luis fue al congreso, donde no le dejaban entrar desnudo, así que se puso un pareo y una camiseta y entregó el escrito de la manifestación.

Después subimos por la Castellana hacia Cibeles, para llegar luego hasta el parque del Retiro, donde acababa la manifestación a las 14:15. La policía nos acompañó hasta allí. En todo el trayecto la gente fue respetuosa con nosotros. Sólo se oyó un ¡guarros!

En el Retiro, algunos se sorprendían y algunos nos preguntaban, pero nadie se soliviantaba. Luego, acabada la manifestación, nos sentamos en el cesped y disfrutamos de una agradable charla entre nosotros.

A eso de la 15:15, unos policias nos dijeron que habían recibido algunas quejas y que debíamos vestirnos. Intentamos convencerles de que estábamos en nuestro derecho. Ellos aludían a la ley Corcuera en cuanto a la alteración del orden público, según la cual decían que nos podían sancionar. Todo esto, en cualquier caso, con muy buenas maneras. Estuvimos un rato en un tira y afloja, argumentando cada uno en un sentido. Al final, pidieron la identificación de un par de nosotros y nos dejaron tranquilos.

Mención especial merece el subinspector (no me acuerdo de su apellido) que intentó por todos los medios a su alcance, que nos vistiéramos, para evitar que hubiera ulteriores problemas con los demas ciudadanos, pero siempre con unas formas esquisitas.

Lo cierto es que los que se sentían ofendidos por nuestra presencia eran minoría. No muy lejos de nosotros había personas tomando el sol en traje de baño; algunos padres con hijos, en absoluto ofendidos, etc. Alguno, en algún momento, se acercó a preguntarnos. Finalmente, a eso de las 16:00 nos separamos cada uno por nuestro lado.

La verdad es que la experiencia resutó interesántisima. Os recomiendo a todos los que no habéis ido que os apuntéis a la de 2009.