La primera vez: Paco

Relatos del primer contacto con el nudismo / naturismo

Paco (28/04/2020)

Siempre hay una primera vez para todo y en esto del nudismo está muy claro: cuando naces no llevas puesto nada de nada  ;D

Pero bueno te acostumbras a estar vestido y al final te vuelves a plantear lo del nudismo en algún otro momento de tu vida. Al menos es mi caso. Diría que algo me andaba rondando la cabeza ni sé desde cuando. El clima al respecto en mi casa no podía ser menos propicio. Jamás vi a mi padre o a mi madre desnudos, salvo siendo mi padre ya muy mayor y estando ingresado en un hospital. Pero la primera vez que me quedé a dormir solo en mi casa, un verano con 15 o 16 años, no lo dudé. Me quedé durmiendo desnudo tan a gusto. Bueno, quizás no tanto, porque presa de la excitación, tampoco dormí mucho. Pero la experiencia resultó tan agradable, como difícil de repetir.

Unos años después, creo que con 17, mi mejor amigo que por entonces ya tenía 18 y carnet de conducir, me contó que había estado el fin de semana anterior en la playa con otro amigo. Sin un plan prestablecido, cogieron el coche y salieron sin rumbo hasta llegar a la principal playa de Bolnuevo. Y como no lo habían planeado, no llevaban bañador ni toalla ni nada. Insisto en que de esto hace unos años, porque ahora no ves a nadie desnudo ahí ni de casualidad. El caso es que andaban por allí en calzoncillos y por la tarde cambió absolutamente el ambiente. Se vieron rodeados por grupitos en los que el nudismo era medianamente normal, así que dada la situación, se quitaron los calzoncillos para hacer un poco menos el ridículo. Y tras contarme toda la historia, me propuso que me fuera con él el fin de semana siguiente a repetir la experiencia. Me atraía la idea, pero por desgracia mis padres no me dejaron. No obstante, empecé a pensar en el tema y creo que ahí ya me convertí en un nudista convencido. ¿Por qué no sin bañador? Seguro que se está mucho mejor…

Aun pasaron unos años hasta que se me presentó la primera oportunidad, cuando empecé a trabajar y tuve mis primeras vacaciones con algo de dinero en el bolsillo para decidir dónde ir y en qué condiciones. Por desgracia, en aquella época no era tan fácil como ahora obtener información. Lo único que tenía era la lista de playas de la FEN, en que venía nombre de la playa y municipio. Nada más. Y sin saber realmente gran cosa de a dónde iba, me decidí por un hostal en Chiclana (Cádiz), con intención de pasarme por las playas nudistas de Cádiz que había en la famosa lista. Ya estando allí, no me resultó nada fácil. Pasé por la Cala del Aceite sin encontrar el menor rastro de nudistas. Fui hasta Rota donde comí muy bien en un chiringuito, pero ni rastro de playas nudistas. Y al tercer intento fue la vencida cuando aparqué al borde de la carretera en Caños de Meca. ¡Cómo ha cambiado, por cierto, que volví a pasar por allí el verado pasado!

Bueno, pues aparqué y nos bajamos a la arena. Pusimos la toalla y el resto de bártulos y me fui a caminar en busca de nudistas. ¡Y allí estaban! Apenas a cien metros a la izquierda vi al primero y siguiendo en esa dirección, cada vez más. Volví rápidamente y nos movimos a la zona en la que ya eran frecuentes los nudistas. Os aseguro que no perdí el tiempo en pensármelo. Me desnudé según planté la toalla y disfruté como nunca del sol, el agua y los paseos por la playa. Seguro que la sensación os es familiar, pura euforia y eso engancha hasta el punto de que mandas el bañador al baúl de los recuerdos para siempre jamás.

No tenía ni idea de cómo comportarme salvo lo obvio: nadar, tomar el sol o pasear son las actividades habituales y eso es lo que hice. Andaba un pelín excitado, quizás por el exceso de hormonas de la juventud, quizás por el cúmulo de emociones y sensaciones al que no estaba acostumbrado, quizás por la costumbre de asociar desnudez y sexo,… Vete a saber. Pero en cualquier caso tenía claro que no era lugar ni momento para mayor excitación y aunque tenía mis dudas, realmente es algo que no ocurrió, como cuentan casi todos los hombres sobre su iniciación en el nudismo.

Y a diferencia de lo que vería en muchas otras ocasiones y para mi sorpresa, por aquella playa había… ¡mironas!. Recuerdo un grupito de señoras que iban paseando claramente con intención de alegrarse la vista, porque no veas qué repaso le daban a cada uno con el que se cruzaban. Pero bueno, la verdad es que no me incomodó la situación. ¡No disfrutan ni la mitad que yo!, pensé.

Y bueno, qué decir, a partir de ahí no pierdo ocasión de disfrutar en pelotas de una buena playa. Aquello era un auténtico paraíso. Ahora no es tan fácil encontrar una playa de esa calidad, accesible, con poca gente y donde puedas desnudarte sin problemas. Pero bueno, teniéndolo en cuenta antes de eligir destino para las vacaciones, siempre se puede encontrar un lugar aceptable.