Sobre un domingo desnudo

Anécdotas sobre el nudismo y naturismo: Sobre un domingo desnudo

Ulises (06/05/2007)

Todavía me siento como salido de otra dimensión, será por la desvelada o por el ajetreo de los errores de organización, pero quizás no podía ser de otra forma -éramos tantos ya desde las 3:30 AM cuando llegamos.

Hubo un momento que me sentía como ganado junto con los demás, no sólo en las filas sino también después al pasar los retenes del “registro” pues nos iban acomodando en hileras y con la indicación de permanecer sentados -nos tocó estar frente al hotel Majestic, justo del extremo contrario a Palacio Nacional. Hubo mucho ajetreo con el bullicio próximo, con la euforia de los mas jóvenes que albureaban y gritaban goyas; parece ser que en donde estuve la mayoría eran universitarios, pero eso si: todo mundo animado, retando a los mirones que nos observaban desde las ventanas del hotel -ya algunos hasta habían hecho su “palco” al sacar sillas a los balcones y preparando sus cámaras.

El audio era pésimo y los organizadores a ratos trataban de calmar la euforia como quien presenta a un cantante de protesta, avisándonos que pronto estaría Spencer con nosotros, la gente seguía llegando. El tiempo era relativo, desde donde estábamos como viendo hacia la calle de 5 de febrero la luna coronada comenzaba a ocultarse, fue cuando apareció Tunick, entre gritos de todo tipo, dio las indicaciones faltantes, el orden de las poses, las dinámicas y prometiendo al final una sorpresa. La adrenalina aumentaba.

Cuando llegó el momento en que todo mundo se desnudó -en medio de una breve exhalación de aromas-, fue como si la gente se transfigurará. Hacia mucho tiempo que no veía a adultos transformarse en niños.

Yo me sentí muy cómodo, como en familia -y una muy grande-, según -por la especulación- más de 18,000 almas en ese instante.

Para mí fue una lástima el exceso de trato “barbero” por parte de los ayudantes para con Tunick, y éste con sus frases gastadas y mal articuladas -calladito estaba mejor-, lo que estaba de risa era el “traductor”, pero bueno… Ahora -que puedo constatarlo de tan cerca-, creo que la importancia de Tunick es realmente el fenómeno social y mediático que representa, lo demás es bonito. Eso si, la mancha de carne conque se pintó el primer cuadro fue una vivencia irrepetible -y creo que todo valió la pena-, no por el personaje sino por la gente; haciendo el conjunto de factores una experiencia íntima extraordinaria.

Espero que los que también hayan ido se hayan divertido -aún mucho más. ¡Pobres! de los que no pudieron acceder a participar -pues según después me enteré- casi dan portazo y se quedaron vestidos (literalmente) y alborotados -dicen que eran muchísimos-, pero de los cuales sólo se medio escuchaba su griterío a lo lejos.

Yo quedé en primerísima primera línea (ya después hasta me vi en una foto en Internet y se siente rarísimo) a mí no me entusiasmo nada su idea del saludo patrio y cuando nos acostarnos para la pose “B” me tocó estar sobre un pequeño hormiguero y a la chica de al lado se le subieron al cabello, ¡Ah, como joden esos animales! Además del desorden de los que no se ponían de acuerdo, los del fondo y a los extremos que se tardaban más en tomar su posición, -no se ponían de acuerdo para acomodarse-, y Tunick ya se estaba poniendo neurótico porque ya iba a salir el sol -y nosotros entumecidos por el sereno-, pero al final parece ser que todo quedo bastante bien.

Después de ello nos levantamos y ya cuando íbamos camino a la avenida 20 de noviembre al lado opuesto a catedral, cuando ya empezó a salir ya bien el sol, la luz -amarilla o dorada, no sé- entró rasante sobre los cuerpos y desde donde yo estaba los contraluces entre la arquitectura -y aquellos miles de cuerpos- fueron el momento más emocionante, un intervalo de tiempo muy preciso y creo que inolvidable; sobre todo porque nunca vi “un cuerpo perfecto” no en el sentido de un estereotipo. Hombres y mujeres -de todo tipo de complexiones, con celulitis, estrías o con enormes cicatrices (algunos)- se les veía tan a gusto consigo mismos, que reconfortaba mucho estar allí en ese momento; a excepción de las que se sintieron acosadas -algunas paranoicas y otras con razón, porque si había muchos tipos que ese estaban pasando de “vivos”-, por eso muchas emprendieron “la graciosa huida” y al final la ultima imagen general estuvo muy “sacada de la manga” demasiado improvisada; pero eso si, cuando mandaron a los hombres a cubrirse, estos corrieron sólo para traer sus celulares y apresurándose a tomar la foto de la Instalación “de sólo mujeres”… ¡Pobres! algunas si alcancé a escucharlas refunfuñando, pero algunos tipos llevaron en el pecado la penitencia, porque muchos de los que se quedaron de ultimo ya no encontraron -por lo menos en ese momento- su ropa y andaban encuerados dando vueltas como locos.

Ciertamente Tunick cometió un grave error al mandar vestir a los hombre primero, -lástima- a veces el encanto dura tan poquito en ese sentido del respeto y por la falta de este.

Ahí se vieron todavía más mal los ayudantes del evento, pues nadie se puso de acuerdo para vigilar las pertenencias y ya para entonces todo mundo andaba sobre las cosas de los que aún no llegaban.

Eso fue algo que me llamó mucho la atención; al momento de dar los cortes de trabajo, todo mundo se apresuró a vestirse a una velocidad… y aquellos, los rezagados -hombres y mujeres-, intentaban cubrirse por lo menos con las manos y el pudor les llego como de magia. Como a Adanes y a Evas al ser expulsados del paraíso.

Yo ya no me quedé a ver más, el grupo de amigos que fuimos salió en ese momento; Tunick todavía estaba trabajando aún con el grupo de mujeres. Al salir por 5 de febrero, la gente que estaba apoyada en las vayas y los policías que los contenían te escudriñaban “con unos ojos”…

Esta experiencia me hizo pensar mucho en mi trabajo como artista visual, más aún en mis propios procesos creativos -que también giran en torno de la desnudez-, creo que esta experiencia me habrá de ayudar a revisar con otros ojos mi trabajo -por el cual muchas veces me he sentido discriminado. La gente es tan rara ese sentido, muchos de los mismos que alguna vez me dijeron no, hoy estaban presentes.

Así mismo considero que de igual manera esta experiencia a muchos, habrá de ayudarles a ver con otros ojos sus propios cuerpos, sus propias actitudes, quizás también el naturismo, el nudismo, el arte y tantas otras cosas; porque por lo que escuché en muchos esta fue una experiencia en extremo liberadora, catártica; más que sólo altruismo con un personaje mediático.

Y no dejo de pensar que los mexicanos en general han sido muy generosos con Tunick.

Así que -para mí- esta experiencia vista desde dentro y desde afuera por los otros, ha de revitalizar en muchos aspectos nuestra vida social.

Pero bueno, este será uno de entre muchos testimonios de un domingo desnudo en el zócalo capitalino.

Ulises Velázquez

Artista Visual


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