Anécdotas de "La primera vez"


Shlomo (16/11/2003)

En realidad era de noche, en Israel. Una playa espléndida (no sé si textil o nudista) desierta, al final del invierno. En un momento dado me desnudé - mi esposa se quedó aterrada. Fue una sensación espléndida. Otra vez fue en Ein Gedi, en el Mar Muerto - allí varios turistas e israelíes entran al mar desnudos, mezclados con el resto. Me quedé aterrado la primera vez - luego lo ensayé yo mismo con la sensación de libertad que ya conocéis. Un par de veces más, en Grecia. Prefiero el nudismo "improvisado" al organizado, aunque encontrar una buena playa nudista me parece excelente. Pero lo último, para mí, es encontrar un lugar semidesierto, quitarse el bañador y disfrutar del agua. ¡Donde vivo ahora hay pocas oportunidades de hacer eso!


Eduardo (10/12/2003)

Hola, me llamo Eduardo y tengo 24 años y me gustaría aportar mi experiencia en este del tema del nudismo. Siempre me ha gustado el mar, el sol, la arena y estar al aire libre en la playa, vamos, probablemente porque desde pequeño he ido con mi familia en verano. Pues bien, lo que yo no entendía en primer lugar era porqué los chicos teníamos que ir con pantalones, algunos hasta la rodilla, que nunca acababan de secarse, mientras que las chicas podían ir con tranquilamente con biquinis ajustados, algunos incluso tipo tanga que dejaban todo el trasero al aire. He de admitir que siempre me ha gustado ver un cuerpo de mujer desnudo, pero más allá de eso, siempre me sedujo la idea de poder mostrarme yo mismo desnudo ante los demás. Ésta idea fue la que me llevó a practicar el nudismo. Con la edad de 17 años, un verano de esos que estaba en la playa de Conil con mi familia, me fui paseando sólo por la orilla hasta donde ya no había apenas gente, sólo la que paseaba como yo, y descubrí a una pareja tomando el sol completamente desnuda, el chico tumbado dormido y la chica boca arriba leyendo, con todo su sexo a la vista de todo el mundo, sin ningún pudor. Me entraron unas ganas locas de hacer lo mismo y con el pretexto en mi conciencia de que allí ya había más gente desnuda, me senté, me quité el bañador y me tumbé boca abajo primero, porque al principio da mucho corte. Entonces pasó lo que tenía que pasar, que mi sexo se endureció debido a la exitación, porque también es verdad que en aquella experiencia había, por lo menos para mi, no sé para los demás que se hayan desnudado a esa edad en público, un cierto componente sexual. Y es que la gente al pasar por allí, hombres y mujeres, miraban mi cuerpo y eso era algo de lo que era consciente y que también me gustaba, he de confesarlo. Cuando me hube calmado un poco y el pene perdió esa dureza, me tumbé boca arriba y luego, cuando se despejó la orilla de paseantes, salté al agua. Fue una sensación impresionante aquella primera vez que me sentía totalmente desnudo en el mar, al lado de la orilla, mi cuerpo en contacto directo con el vaivén del agua y el romper de las olas contra mi espalda, mis muslos, trasero y mi sexo, esta vez sin bañador que impidiera los movimientos al nadar o simplemente dejarme mecer por el mar. La sensación del agua deslizándose por entre las piernas, acariciando tus genitales sin que nada se interpusiera entre tu piel y la frescura del mar, el sol iluminado tu cuerpo mojado cuando te salías un poco y el agua te quedaba por debajo de la cintura y quedabas expuesto a la mirada de quien quisiera pasar por allí, sin que ello te preocupara. Y luego el salir del agua y tumbarte, con un sinfín de gotitas cubriendote sólo, para tomar el sol, cuyo calor sientes cuando estás desnudo de una forma diferente, más profundamente. La pareja aun seguía allí, el chico aun durmiendo y la chica incorporada sin ninguna muestra de alarma ante un chico desnudo en la arena, actitud muy diferente a la de la mayoría de los demás veraneantes, que si bien no eran muchos, cada uno que pasaba te parecían que eran diez, un tribunal que te juzgaba pero al que, a la vez, me gustaba mostrarme desnudo. No sentía ya mi sexo agitado ni dispuesto a enderezarse de nuevo, sino que más bien me sentía relajado y muy a gusto. Fue así como entré en contacto con el naturismo y seguí frecuentando aquella playa. Es una experiencia que recomiendo a todo aquel que se quiera sentir en comunión con la naturaleza y su cuerpo. Por lo menos que lo pruebe una vez...


Javier (02/03/2004)

Hola Soy Javier:

Mi primera experiencia fue muy complicada. Tengo familia viviendo en Canarias y me invitaron con 17 años a pasar unos días. Cuando llegué mis primas me recibieron en el aereopuerto (19 y 16 años) y me llevaron a ver a mi tía a su casa. Una vez allí me dijeron que me pusiera el bañador que nos íbamos a la playa. Cuando llegamos vi que era una playa nudista y mi sorpresa se reflejó en una gran erección. La verdad no sabía como actuar. Ellas tranquilamente saludaron a cuatro amigas suyas que allí estaban totalmente desnudas y comenzaron a desnudarse. Yo estaba atónito porque no sabía que hacer. Notaba como la sangre me hacía efecto por todos sitios y me sentía muy ruborizado. Ellas en cambio, como si nada pasara. Al ver a mis primas desnudas no pude más, salí corriendo y me fui al agua. Creía que iba a explotar. Al poco roto se metió conmigo mi prima (19 años) y me pidió perdón por llevar allí sin consultar. Me dijo que si quería que nos fueramos y que lamentaba lo sucedido. En ese momento pensé que sería lo mejor. Cuando salíamos para secarnos ella me dijo que por favor secara bien el bañador para no mojar el coche. La dije que me lo quitaría y me cubriría con la toalla. Ella aceptó. Cuando me dispuse hacerlo una ráfaga de viento me dejó desnudo totalmente llevándose la toalla. Sentí mucha verguenza y vi que nadie se fijaba en mí, ni tan siquiera mis primas. Ahora me sentía mucho más avergonzado. Decidí quedarme así y la dije a mi prima que nos quedábamos. Todas aplaudieron a me animaron a que lo hiciera todos los días que allí estuviera para perder la vergüenza. Y así lo hice hasta hoy. (tengo 26).


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