Anécdotas


Tiburón playero

Rafa (20/05/2003)

Hace algunos años, cuando mi mujer y yo eramos novios, nos fuimos como cada fin de semana a la playa de la Devesa de El Saler. A ella siempre le gustó hacer top-less, y en esta playa, en la zona de textiles, no abundaban mucho chicas jóvenes con el pecho al aire. Tras tener que soportar día tras día a los mirones de turno, recordé que andando un poco en sentido sur había un tramo de playa nudista, así es que le propuse ir a esa zona en la que seguro pasaría más inadvertida. Tras dos días en esa playa, en una ensalada de textiles y nudistas, me planteé que estaba de más el bañador, así es que sin ningún tipo de problema me lo quité y sentí esa maravillosa sensación que tanto se ha descrito por estas páginas. Pero mi sensación de bienestar duró más bién poco ya que mi novia empezó a empujarme con sus manos mientras decía en voz alta '... pero mira esa como te está mirando el culo....' mientras veía que una mujer de unos 40 años no me quitaba ojo. Tras esta primera experiencia decidí no discutir sobre el tema e ir a playas textiles donde ella sí que seguía practicando el top-less. El año pasado, y esta vez casados desde hacía un año, empezamos tarde la temporada de verano (hacia la segunda quincena de agosto). Íbamos a playas textiles como cuando éramos novios, pero le sugerí la idea de ir a la playa nudista. Aceptó de muy buenas maneras, pero garantizando que no se iba a desnudar. Tras dos horas de playa, en las cuales yo disfruté de mi desnudez desde el primer momento mientras ella hacía top-less, decidió quitarse la parte de abajo del biquini, y vi como le invadía una sonrisa de satisfacción indescriptible. Nos bañamos desnudos, jugamos a las palas, comimos bajo la sombrilla...... que paz. Pero hacia la tarde se nos plantó detrás y a escasos 2 metros el típico tiburón playero que tras clavar su mirada en la entrepierna de mi mujer, provocó una situación muy desagradable, hasta el punto que ella se puso las dos piezas del biquini y ya no consintió en volver a desnudarse. El resto del mes de agosto continuamos acudiendo a esa playa pero mi mujer se compró un tanga que le acompañó durante todas las jornadas playeras. Desde aquí quiero agradecer a ese impresentable tiburón la intromisión en nuestra intimidad, que provocó la total negativa a desnudarse, por parte de mi mujer. También quiero agradecer la colaboración a un par de jovencitos con una cámara digital, que nos mantuvieron toda una mañana bién pegaditos a la toalla, parapetados tras las mochilas mientras montaban guardia a la caza del cuerpo desnudo. Sin más me despido, con la esperanza de que algún dia nos dejen vivir en paz a los nudistas y/o naturistas.

Rafa


Primera experiencia en una piscina

Jo (31/03/2003)

El sábado por la noche tuve mi primera experiencia nudista en una piscina. Durante todo el verano ya había ido a playas nudistas, pero nunca había estado en una piscina. Fue en Barcelona, en las Piscinas Bernat Picornell.

Por internet me enteré que tenían horario nudista, así que aprovechando que este fin de semana estaba allí, me acerqué. Entre con mis reparos, ya que veía diferente el estar desnudo en una piscina que en la playa. En la playa lo veía como más natural. Entré y me metí en los vestuarios de los hombres, simplemente para ver como funcionaba la gente y no meter la pata. Me desnudé, y me puse el bañador para ir a la piscina ya que no sabía casi como era la piscina, si todas las zonas eran nudistas en aquella hora.. en fin, para no meter la pata. Resulta que entré directamente al recinto de baño, y nada más entrar, delante de mi, encuentro el yacuzzi y la sauna llena de gente desnuda. Una señora dijo en voz alta y para provocar que me diera cuenta: mira, lleva bañador! Suerte que seguí andando, como si nada hubiera oído, me dirigí a un banco, dejé mi gorro, mis gafas y mi toalla. Acto seguido, y de forma muy natural, me quité el bañador.

Me encantó, pero tuve algunos problemillas que una vez superados me dejaron libre para nadar a mis anchas.

Solo un comentario, la señora que intentó ponerme en evidencia, podía haberse callado el comentario, ya que entiendo que va contra toda norma de respeto a los demás y de todas las filosofías que leo en esta página.


Una broma muy agradable de mi mujer

María y Alfonso (17/03/2003)

Aunque esta no es mi primera experiencia, quizás si sea la que más me ha marcado desde que mi mujer y yo practicamos el nudismo.

Llevamos como unos 5 años acudiendo a playas nudistas incluso hemos estado en algún camping nudista, con resultados muy interesantes.

La del año pasado fue la mas comprometida para mí.

Trabajo en una empresa donde nos mezclamos hombres y mujeres y hay una mujer que especialmente me atrae profundamente y mi mujer lo sabe pues se lo he comentado en diversas ocasiones.

El pasado año fuimos a Almería a un camping nudista, bien preparado y acondicionado. Una tarde mi mujer me pide que fuera a comprar algo para cenar, algo ligero, como siempre. A mi regreso, aparqué el coche y me fui hasta la tienda para desnudarme y guardar la ropa, mi mujer no estaba y pensé que se encontraba en la piscina, por lo que me acerqué para darme un baño con ella.

Efectivamente estaba en el agua y tras saludarla con la mano, me metí con ella. Lógicamente estaba desnuda como yo. Con una sonrisa maléfica, me señaló con la mano detrás de mí y al girarme vi a esa compañera de trabajo que estaba también metida en el agua y con el mismo traje de baño que nosotros, o sea nada. Mi primera reacción fue taparme mis partes más íntimas para impedir que me viera y eso que nos encontrábamos en el agua y eso distorsionan las imágenes lo suficiente como para no ver nada claro, pero mi cara tuvo que ser un auténtico poema, pues las dos rieron a carcajada limpia.

Mis ojos empezaron a buscar disimuladamente el cuerpo desnudo de mi compañera de trabajo. Pero el corte más absoluto, fue a la hora de salir del agua. Ellas subieron por las escaleras como si estuvieran vestidas y yo, mintiéndome, como que me apetecía estar un rato más en el agua. Al rato salí, me tapé con la toalla y me acerqué hasta la tienda de campaña. Allí no sabía que hacer, vestirme, ponerme bañador, seguir con la toalla, meterme bajo tierra, no sabía que hacer.

Al final me armé de valor y me quedé desnudo como ellas y así pasamos una semana los tres juntos.

Creo que esta situación no se la deseo a nadie, lo que pasó al principio, por que después fue todo muy normal.

Mi mujer había preparado todo minuciosamente sin yo enterarme lo que las dos habían tramado antes de empezar las vacaciones. Pero os aseguro que la broma, de muy buen gusto, se la devolveré algún día.

Practicar el nudismo es algo que solo se puede saber lo que es hasta que se practica.

Besos y abrazos a todos.


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