Anécdotas


Mi experiencia

Juanma (4/10/2002)

Aunque dicen que a ninguna edad es demasiado tarde, yo empecé tarde en esto. Aunque no mentalmente, si de actitud. Quisiera hacer una pequeña crónica de mi experiencia.

Tengo 28 años, y realmente "ejerzo" de naturista solamente desde hace un año. Me enviaron a Barcelona por trabajo, y decidí pasar el fin de semana en Sitges. Me informé antes de ir de las playas naturistas que había, y allá me encaminé. Aunque bastante alejada, la Playa del Homme Mort no estaba mal. Ese fue mi comienzo en solitario como naturista.

Este año decidí dar un pequeño paso adelante, fui a un solarium naturista de mi región, en la piscina de La Elipa, en Madrid. Era diferente de Sitges en el sentido que siempre he ido con miedo a encontrarme con algún conocido.

El tercer paso fue buscar alguna asociación en la cual encontrar a gente con mi misma mentalidad. Encontrar algún apoyo. Amigos, compañeros, colegas con quien poder comentar experiencias y vivir juntos algunas cuantas. Me tuve que armar de valor, pues generalmente soy bastante indeciso en cuestiones clave de mi vida. Hace mes y pico encontré ADN, la cual todos conocéis. ¡¡¡Y en el momento justo!!! Menuda había montada. Día 15 de septiembre acto "lúdico" (que no manifestación) para informar a la gente sobre el naturismo, la asociación y ya de paso intentar conseguir la piscina naturista. ¡¡¡Y objetivos conseguidos!!!

El paso más difícil para mí ha sido el contárselo a alguien de mi entorno. Decidí hacerlo con la persona que más confianza he tenido nunca, una especie de "ex" con la que aun mantengo una magnífica relación pero a la que veo muy poquito. Después del primer ¿¿¿queeee??? con una sonrisa en la boca, todo fue genial. Comprendió mi actitud, y me apoyó incondicionalmente.

Siguiente paso, ir a la inaguración de la piscina con la gente de ADN (gente genial). No más soledad. Más de 200 personas. Un sol estupendo, una piscina muy bien equipada, trabajadores que no nos miraban como bichos raros, y hasta hilo musical... Cuando volvía para casa recuerdo que iba con una sonrisa de oreja a oreja. Hacía que no sonreía de esa manera...

Quisiera agradecer a toda la gente de ADN la acogida que me dispensó, su esfuerzo por el logro de la piscina y por la difusión del naturismo.

Juanma


Respeto al prójimo

Moldovs (24/08/2002)

Hola a todo el mundo,

me uno a vosotros, cuando no es costumbre en mí escribir mensajes en paginas webs, para contaros, no sé si llamarle anécdota o respeto al prójimo. A ver por donde empiezo, la situación es la siguiente, mi primera vez nudista fue con un grupo de amig@s con los que compartía piso, fue en una de esas playas de Louro, con dunas, lo bueno, es que aunque ell@s practicaban nudismo desde siempre, el ir con ellos no significaba que tuviera que desnudarme, ni yo, ni otr@s amig@s que íbamos en el grupo, pero el caso es que sí lo hice, intercalando top less, con nudismo, y fue una experiencia increíble. A partir de entonces, tardé mucho en volver a practicarlo por no ir sola, hablo de 9 años, aunque sí hago más top less. Sin embargo, hace unas semanas volví a hacerlo, y es cuando se dio la situación de "respeto al prójimo". Bien, esta vez el lugar elegido fueron las playas de Huelva, concretamente la Antilla (en teoría no es nudista, pero son de ese tipo de playas enormes, largas, interminables). Bien, fue un fin de semana, llega un amigo de Barcelona y dedicamos el fin de semana a enseñarle toda esa zona, él con antojo de playa (mi amiga y yo no somos amantes de la playa, pero bueno, allá nos fuimos). Llegado un momento, y ante la insistencia de mi amigo de ir a una playa nudista (yo le decía que no tenia ni idea de donde había), empezamos a caminar por esa inmensa playa, sólo él llevaba bañador, nosotras vestidas más para salir, que para ir un día de playa, pero no importó. El caso es que después de mucho caminar, encontramos un sitio lo suficientemente alejado de la zona donde estaba todo el mundo como para estar cómodos y no hacer sentir a nadie incómodo. Allí nos tiramos, mi amiga y yo nos quitamos la ropa, ella se quedó en top less (de ropa interior) y yo me desnudé. De repente, nos apeteció a mi amigo y a mí darnos un baño, y allí nos fuimos, el agua estupenda, el día increible y de repente......... oh no....,la típica familia dominguera, marido y mujer, dos niños, sombrilla, nevera, mesitas..., buscando sitio (además de nosotros había 4 personas más nudistas, esto nos hizo pensar que lo verían y no se quedarían..., por el pudor.., o lo que sea. Nosotros no queríamos salir del agua, pese a que empezaba a hacer frío (ya se sabe, las aguas del atlántico), pero tampoco queríamos salir del agua, no por nosotros, si no por no hacer pasar un mal rato a esa familia..., pero para nuestro asombro, resulta que se quedaron a tan sólo 2 metros de donde estábamos, así que no tuvimos más remedio que salir porque ya empezábamos a congelarnos, así que entre risas corrimos hacia nuestra toalla para no hacer pasar un mal rato a esa familia. La pregunta es..., qué suele darse más..., que un nudista (más allá de ir a su bola) sienta respeto por no hacer sentir incómodo a los vestidos... o viceversa?. Siento haberme extendido..., pero tal vez mi historia os traigan recuerdos de situaciones parecidas.

moldovs =)


Desde el otro lado

Xouba (7/08/2002)

Este mensaje viene a colación de otro publicado por mí hace unas semanas y en el que narraba como, con el ya popular "paddlespanting", nos deshacíamos mi compañero y yo de los "tiburones" playeros.

Pues bien, si me permitís contaré dos historias: una se desarrolla ayer tarde, y la otra esta misma tarde; y que tienen una estrecha relación con el traido y llevado tema de los mirones.

Martes tarde. Playa del Vilar - Ribeira.
Soplaba un fuerte viento, más del que cabria esperar cuando llegué al aparcamiento. No me sorprendió que al llegar a la playa (más concretamente a la zona nudista de la playa) no me encontrase con nadie próximo a la orilla. Como ocurre casi siempre que sopla el viento la gente se "cobija" entre las dunas que con el paso del tiempo se han formado en la parte superior de la playa. Estas dunas, además de facilitar cierta intimidad, alejan miradas indiscretas y cobijan del viento.

Aquellos que tenemos la oportunidad de disfrutar con frecuencia de la playa conocemos algunos de estos "cobijos" y me dirijí hacia el primero que recordaba. Ocupado. Continué caminando entre las dunas, buscando otro lugar. Ocupado. Un poco más. Ocupado. Ocupado. Ocupado. Llevaba ya un buen tramo recorrido cuando me dije que no más, en el siguiente, ocupado o no, me quedaría. Así lo había hecho en otras ocasiones sin ningún problema.

El lugar estaba "ocupado" una vez más. Dos chicas y un chico. Treinta y tantos años. Como el sitio -que ya había compartido alguna vez, sin ningún problema- era bastante amplio, me coloqué a una distancia prudencial del grupo. Unos 8 o 10 metros. Y de repente, estallo la bomba. Una de las chicas comenzó a comentar a gritos -evidentemente para que lo oyese- esas extrañas circunstancias que llevan a algunas personas a tener el cine para ellos solitos y se van plantar al lado de alguna pareja o grupito. Continuaba comentando que el "rollo este del nudismo se ha convertido en un espectaculo para mirones". Sobra decir que yo estaba desnudo, además había tenido la "cortesía" de no estar ni dando la cara ni el culo para que no se me tomase por mirón o exhibicionísta (y eso que el sol me tostaba un lateral).

Las dos chicas, continuaron con sus "mensajes" llegando incluso a hacer bromas de mal gusto. Unicamente pararon cuando el chico terció y les pidio que callasen y sutilmente cambio de tema. Pero a mí ya me habían "catalogado" como: tiburón playero.

No me faltó nada para acercarme y reprocharle su conducta. Pero me lo pensé dos veces, pues temia equivocarme.

Miercoles tarde. Playa de Espiñeirido. Se da la misma situación, viento, playa desierta, y unicamente un sitio al abrigo de las piedras. Ocupado. Una pareja nos había ganado la partida y se había adueñado del lugar -esta vez iba con mi mujer-.

De todos modos decidimos dirigirnos hacia allí intentando aprovechar algún hueco que nos frenase un poco el viento.

Buenas tardes. Les saludamos. Y comenzamos a dialogar entre susurros mi mujer y yo, para intentar acomodar nuestras toallas. Otros 8 o 10 metros nos separaban de la pareja.

La chica amablemente, y antes de que nos diese tiempo a desnudarnos (ellos sí estaban desnudos), nos dijo que pusisemos nuestras toallas al lado de las de ellos pues era el mejor y único sitio donde realmente estaríamos protegidos del viento. Muchas gracias, pero no queremos molestar -contestamos-. Si no es molestia, lo único que molesta es el viento -respondió ella, otra vez-.

Hemos quedado de vernos mañana en el mismo sitio (si el tiempo no lo impide), hemos pasado una tarde fantástica, y hemos conocido unas personas magníficas.

Pero ¿a que viene todo este rollo?. Pues aparte del hecho en sí, la pregunta es ¿nos hemos vuelto más "cerrados"?, ¿donde empieza y donde termina "nuestra" playa?, ¿que espacio nos pertenece?.

Parecen muchas preguntas pero el trasfondo es solo uno: ¿hasta donde dejamos que los demás se acerquen físicamente o socialmente?

Quizás la respuesta sea un poco personal, pero la intención es abrir un debate. Espero vuestras opiniones.

Un saludo.

Xouba.


Mi última experiencia

Susana (18/07/2002)

Hola. Mi nombre es Susana y ya he escrito anteriormente. Quisiera esta vez contaros cómo ha sido mi última experiencia nudista hace unos días, ya que me ha ocurrido algo inesperado. Una de las cosas que siempre me ha gustado es tomar el sol, y la verdad es que el poder tomarlo totalmente desnuda es algo que me ha venido apeteciendo cada vez más en los últimos años. Pero siempre he sido bastante pudorosa y la verdad es que me asustaba bastante la idea de mostrarme en público sin ropa (no porque tenga nada que esconder porque, aunque esté mal el decirlo yo, considero que estoy bien proporcionada, hasta me atrevo a decir que tengo un buen tipo). De todas formas, habitualmente me ruborizo con mucha facilidad, especialmente cuando me siento observada. El caso es que cuando voy al centro de bronceado, disfruto mucho al poder estar totalmente en cueros sintiendo el calorcito en mi cuerpo, pero es obvio que no es lo mismo que tomar el sol de verdad. Así que el año pasado tuve la oportunidad de probar esta nueva experiencia y me acabó gustando, pero eso ya lo he contado en otra ocasión.

Como vivo en Madrid, no lo tengo muy fácil, así que este año decidí pasar de nuevo mis vacaciones en Menorca. Como les pasa a algunos de los que han escrito antes en esta sección, la sola idea de desnudarme en un lugar público me ponía muy nerviosa. Pero bueno, ya di mi primer paso el año pasado, así que este año me decidí a desnudarme en una playa diferente. Los primeros días pensé hacer sólo top-less para ir cogiendo la costumbre otra vez, así que creí que una playa que no fuera totalmente nudista era la mejor solución, y la verdad es que no fue la mejor idea porque allí puedes toparte con voyeurs textiles y la verdad, la idea no me apetecía en absoluto, pero al final fui. Busqué un lugar poco concurrido, extendí la toalla, me senté y me quedé en bikini, pero justo cuando ya iba a quitarme la parte de arriba llegó un grupo de quinceañeros que se sentaron cerca de mí, lo cual hizo que me lo pensara un poco. Esperaba que fueran nudistas, pero no, eran textiles, así que al principio no me quité nada más. Pasado un rato, pensé en que era una tontería dejarme intimidar por un grupo de adolescentes, así que en un momento de decisión me incorporé y me puse en top-less.

Al principio fue un poco agobiante, me sentí observada y me sofoqué un poco, tanto que estuve a punto de vestirme y huir de ahí, pero una vez tumbada empecé a sentir el calor del sol y olvidé mis prejuicios. Esta primera experiencia del año no pasó de ahí, pero pasados unos días decidí ir más allá y desnudarme por completo. Animada por la presencia de otros bañistas desnudos, decidí que era hora de darme un baño. Fue cuando estaba en la orilla que ocurrió lo que menos podía pensar...noté que dos hombres (textiles, por cierto) que también se iban a bañar me observaban. Cuando por fin les devolví la mirada me quedé helada, porque uno de ellos resulta que es un compañero de mi trabajo que además es uno de estos sujetos a los que les gusta desnudarte con la mirada. Al darse cuenta de que le había reconocido, me saludó y me presentó a su amigo. La situación para mí no podía ser más tensa y desesperada, totalmente desnuda frente a estos dos hombres con su traje de baño puesto. No me podía cubrir, porque no tenía con qué. Además, teóricamente no había ninguna razón para ello, ya que yo estaba desnuda porque yo quería.. A ellos no se les veía nada cortados, claro, imagino que se pusieron las botas observándome mientras hablaban conmigo. Fueron sólo unos minutos, pero a mí aquello se me hizo interminable. Al final, con el agobio del momento, me acabé volviendo a mi toalla y poniéndome el bikini. Después de esto, no volví a esta Cala en todas las vacaciones ni me he atrevido a desnudarme más. En fin, cada vez que lo pienso me cabreo muchísimo por lo injusto de la situación. Estoy segura de que este tipo de experiencias no son frecuentes, pero veo que tardaré un tiempo en superarlo y que me apetezca de nuevo probarlo otra vez.

Además, no me puedo quitar de la cabeza cómo me sentiré cuando vuelva a encontrarme con esta persona en el trabajo dentro de unos días...

Bueno, ya me he extendido demasiado. Puede que sea una especie de pataleta porque me haya tenido que tocar vivir esta situación. De todas formas, quería contarlo aquí porque también quiero expresar mi enfado con respecto a los mirones. En cualquier caso, volveré a escribir cuando se me haya pasado el enfado para contar alguna experiencia más positiva.


Paddlespanting

Xouba (16/07/2002)

Erase una vez... un domingo cualquiera, -aunque casi mejor que fuera este último domingo- cuando disfrutando de un estupendo día de playa (pongamos la de Baroña) y estirando las piernas en un agradable paseo en compañía de un amigo, nos encontramos con unas habituales compañeras de playa, las cuales un tanto enojadas nos comentaban - bien alto para que se diese por enterado- lo molestas que estaban con un individuo que descaramente casi se había ido a acostar entre sus piernas (sobra decir que estas compañeras estaban desnudas, y al individuo solo le faltaba la corbata).

Ante tal descaro por las voces que profelian las compañeras el individuo en lugar de darse por aludido limitábase a sonreir e intentar agradar, cosa que producía un efecto totalmente contrario.

De vuelta a la toalla y comentado el caso a nuestas parejas y compañeros de toalla decidimos emular al Sr. Presidente del Estado Español y jugar a las palas playeras (versión gallega del paddle inglés que practica el mentado).

De repente y cuan tiburón playero se tratase, aparece él: el individuo. Camisa, bermuda roja, y tolla anudada al cuello (sofocaba solo verlo, con el calor que hacía). Merodeaba entre el gentio buscando presa fácil. Y la encontro. Con el infortunio que se trataba de la pareja de un servidor y de su compañero de palas. El descarado tiburón playero volvia a tomar rumbo a la entrepierna de las victimas que tumbadas disfrutando del sol permanecian ajenas a la escena.

El bufido, la hinchazón de las carótidas, el pálpito en mi pecho, y el crujir de la madera de la pala en mi puño, debieron ser tan elevados, que mi compañero de juegos mucho más diplomático, comedido y (porque negarlo) educado se acercó al tiburón playero. Esperaba yo que en tono cordial le invitase a marcharse, cuando casi pegado a el (lo separarían no más de 10 cm.) mira hacia mí y pronuncia la palabra mágica: ¡¡Dale!!.

Ni corto ni perezoso, deje caer la bola contra mi pala y nos pusimos a pelotear haciendo que las palas y la pelota surcasen el "espacio aereo" del tiburón. Este, tan próximo debio ver el ataque o vio tanto peligrar su vida, que agachose rapidamente y comenzó a gatear fuera del terreno de juego. Afortunadamente mi contrincante y yo estamos verdaderamente duchos en el citado juego, más aún en las distancias cortas; así que no dudamos en "perseguir" a nuestro tiburón hasta fuera de nuestra jurisdicción. Eso sí, permitiendonos algún error y alguna carcajada que se veía acompañada y aplaudida por aquellos que contemplaban la escena.

A veces para dar una lección no hace falta explicarla con palabras, aunque aquí yo haya necesitado unas cuantas para ilustrarla. De todos modos, hay que señalar que ha resultado altamente efectivo, satisfactorio y poco conflictivo (pues si me dejo llevar por mis básicos instintos: la primera en la frente).

Creo que este verano hemos descubierto una nueva forma de luchar contra el vicio que algunos seres ¿"humanos"? tienen. Quiza debiera implantarse en más de una playa nudista el paddlespanting (en nuestra común lengua el: espantando a palazos).

¿Que os parece la idea?.

Un saludo.

Xouba Galega.


Topless

Joao (23/07/2001)

Por cierto, anécdota de este domingo en Baroña (A Coruña).

Muchas olas. Entre mucha gente haciendo nudismo, un grupito familiar de textiles. Una chica de unos 30 años con bikini se sentó en la orilla para que le diran las olas en el cuerpo. A su alrededor, todo nudistas. En esto, una ola le desabrocha el nudo del cuello y le deja al descubierto los pechos. En milésimas, dio un grito tremendo y se tapo con pánico muerta de verguenza.

Creí que había sido el único en apreciar la sutil demostración de tontería, pero en esto, oí una leve carcajada general.

Para verlo.


Nudismo, todos/as a un mismo nivel

Joan (7/06/2001)

No se por qué pero tengo ganas de contaros una... a ver, ¿qué sería?... una curiosidad, una anécdota,... en fin lo que sea, os lo cuento.

Cuando me decidí a ir a una playa nudista, solo, no hace falta que os diga que fue toda una experiencia para mí; fue como descubrir un nuevo mundo. Iba con los ojos muy abiertos, por aquello de "allí donde fueres, haz lo que vieres" y, a ser posible, no hacer el ridículo. En fin, quiero decir que me fijaba en todo. Al cabo de unas repeticiones, ya vi que había una serie de gente asidua, constante, que se conocían entre sí, se saludaban, y establecían un ambiente muy distinto al que yo estaba acostumbrado a ver en las playas textiles. Para más reseñas, esa playa en cuestión, sin embargo, es mixta. Pues bueno, al grano, me empecé a fijar en un señor de mediana edad, delgado, muy moreno, con barba, que parecía como el alma de un grupo de nudistas y tenía un aspecto extraordinariamente saludable. Siempre estaba allí. Le observé ciertas cualidades como por ejemplo alisarse la arena o recoger papeles del suelo (no suyos) e irlos a tirar a la papelera. De algún modo, era como el ejemplo a imitar. Cuando yo llegaba a la playa, pese a ser de los primeros, él ya estaba allí. Pero un dia, al llegar, no había venido todavía y, al cabo de poco rato, lo vi llegar. Me quedé sorprendido. Sorprendido por su aspecto yendo vestido. Os prometo que no exagero al decir que casi casi parecía un medigo, en el sentido peyorativo de la palabra. Me quedé atónito, perplejo, y enseguida me di cuenta y/o descubrí otra de las cualidades del nudismo: el ponernos a todos/as a un mismo nivel. Da igual que uno sea pobre o rico, vista mejor o peor, lleve un coche más bonito o menos; en esa playa, todos éramos, a simple vista, iguales en esas cuestiones y lo que primaba era la conducta interior, el ser. Por tanto, pude juzgar el modo de ser de ese señor, su educación, su sociabilidad, sin tener factores distorsionadores de por medio como en este caso era la ropa. Le pude ver desnudo, física y espiritualmente.

Bueno, espero no haberos aburrido demasiado.

!Hasta otra!


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