Anécdotas de "La primera vez"

Verónica (22/09/2014)

Hola me llamo Verónica. Tengo 33 años.

Soy nudista desde... ¡hace un mes!

Estabamos de vacaciones mi amiga y yo en Menorca. Fuimos a varias playas, como Macarella o Binibéquer, en donde la presencia de tanto turismo extranjero, básicamente italiano, incomodaba incluso hacer topless. No nos gustaba mucho la situación, pero nosotras seguiamos haciéndolo aunque en minoría. Hasta que llegó un fenomenal día, que recordaremos toda nuestra vida. En la propia Binibéquer, que nos caía muy cerca de nuestro apartamento, llegó una pareja de menorquines que se desnudaron totalmente, alrededor de la mayoría de gente con bañador o bikini completo. Immediatamente un señor les recriminó su actitud; la pareja lejos de molestarse le comentó educadamente que esta era la playa a la que habitualmente van todo el verano y que siempre han estado desnudos, como muchas otras personas. Y que si en Agosto la gente no se desnuda tanto por venir de fuera, debían ser respetuosos con los locales y no recriminar las costumbres locales.

Este día nos cambió las vacaciones. Habíamos sentido tanta sana envidia de la pareja menorquina...

Nos informamos en recepción y fuimos a una playa alejada de las típicas, en donde pensábamos que podríamos practicar nudismo. Lo queríamos probar, puesto que nadie nos conocía y nos gustó mucho la naturalidad de la pareja desnuda del otro día a la vez que unos cuerpos morenos integral.

Dicho y hecho. Tras una buena caminata desde el coche llegamos a una tranquila playa, en donde por lo temprano que era había muy poquita gente, nadie desnudo, ¡que lástima! Ni cortas ni perezosas nos quedamos solo en tanga y nos prometimos quedarnos desnudas, si fuera posible. Al rato llega una família que nos pregunta que con lo que ya han caminado si esta era ya la playa nudista. Nosotras nos disculpamos pues no sabíamos el nombre, nos enseñan una guía y nos dicen que creen que sí que lo es.

¡Vaya que nos estaban avisando!

Nos fuimos a bañar y al volver a la orilla, vemos a toda la família desnuda tomando el sol, y una pareja que empieza a plantar su sombrilla desnudándose, más lejos unos jugando a palas desnudos!

Como si al entrar al agua hubieran cambiado todo el escenario. Sin más que una sencilla mirada, Nahia y yo nos desnudamos totalmente. Y descubrimos la naturalidad y comodidad del nudismo.

Lo siguiente ya no podemos decir que fuera nuestra primera experiencia nudista, pero hemos vuelto morenas integrales. La técnica era llegar a una playa y si no era nudista, dirigirse a un extremo y comprabamos que la gente se anima mutuamente y en donde se empieza en bikini, se acabaca con moreno total.


Damián (28/09/2014)

Mi primera vez fue... única je, je, je

Trabajo cuidando a señoras mayores que no se pueden valer por sí mismas. Una tarde me tocó ir por primera vez a una casa de campo a cuidar de una señora. Salí de atenderla a las tres de la tarde y tenía que entrar a las cinco. Yo vivo bastante lejos. Entones decidí dar un paseo por el campo. Era agosto, hacía muchísimo calor y estaba sudando, cuando me acorde de esta página web. Por aquí no pasaba nunca nadie, no hay casas cerca y eran las tres de la tarde, así que me aventuré, me quite toda la ropa menos la gorra y la escondí detrás de un matorral, je, je, je.

Me aventuré un poco con vergüenza, pero al poco noté el calor agradable, la brisa fresca y el ruido de las hojas. Dejé de sudar al momento. Fue genial, esa sensación de libertad...

Estuve un rato caminando hasta que topé con un gran árbol que daba mucha sombra. Ahí vi la luz. Me senté un momento en las raíces y, sin darme cuenta, fui cerrando los ojos... ¡Cuando de repente me despierto! Todavía hacía mucho sol, pero no obstante no tenía el móvil y no sabía qué hora era. En eso salí corriendo tapándome las vergüenzas con la gorra. Menos mal que conseguí encontrar la ropa, vi el móvil y todavía no eran las cuatro y media, pero en ese momento me dio mucha vergüenza. Un tiempo después me metí en un chat donde otros nudistas me dijeron que no pasaba nada, pero yo seguía con miedo de que me hubiera visto alguien.

Pensé en dejarlo, pero en esta página encontré El Fonoll, un pueblo donde ir completamente desnudo. Un fin de semana no lo pensé más, cogí el coche y me fui a El Fonoll. Al principio tenía miedo por mi experiencia pasada y eso, pero fue llegar y quedarme como dios me trajo al mundo. Me apunté a la paella y allí vi que no pasaba nada por ir desnudo. Era normal, conocí a muy buena gente a los que les comenté mi pasada experiencia y se rieron como si no fuera nada importante. Después nos fuimos de senderismo, una experiencia maravillosa. Todavía recuerdo el roce de las frescas hojas sobre mi cuerpo, con ese calorcito tan bueno. Después fuimos a una piscina. La sensación también fue estupenda. No me bañaba desnudo desde que era niño.

Y así todo el fin de semana, espero volver el año que viene. Si queréis comentar algo de mis anécdotas, mandar mensaje a: pillado_enpelotas@yahoo.es.


Anna (30/09/2014)

Mi primera experiencia nudista se debe a PERDER LA MALETA.

Desde hace muchos años voy diez dias en verano a Menorca. A menudo había visto gente desnuda en la playa en harmonía con textiles. Fue en el 2010 que tuve la mala suerte de perder la maleta en el aeropuerto, o buena suerte por lo que os voy a contar. Tras la reclamación y dar el teléfono me dicen que en la tarde me llegará mi maleta y me la llevarán al hotel. Confiada yo, decido no alejarme demasiado del hotel durante el día por si ya llegaba. Decido ir a dar un paseo por la playa de enfrente. Es la playa de Son Bou. Me quito las sandalias y sin mi mini-neverita ni mi sombrerito que está en la maleta, ando descalza por la orilla dirección Oeste, con las ganas de recibir pronto la llamada de la compañía aerea, ¡ilusa yo!

Tras un rato y bajo un sol de justicia, con un equipaje de "solo lo puesto", decido remojarme un poco las piernas quitandóme los pantaloncitos, quedándome con la camiseta de tirantes y un culotte negro que así a lo lejos parecía bikini. Ya refrescadita un poco de piernas sigo andando y veo que la playa se estrecha y tras unos diez minutos de andar desde el hotel, cada vez hay menos gente y también ¡menos bañadores! Me estaba gustando lo que veía, quizás debido al calor que estaba pasando, creía que tenía alucinaciones pues pasaron unos chicos corriendo desnudos y depilados, yo flipaba. Opté por ya regresar al hotel a ducharme para bajar esa temperatura. Salgo fresquita de la ducha y voy a vestirme, ¡pero no tengo qué ponerme! Mi camiseta y culotte estaban un poco sudados, ¡argg! No decidida en qué hacer, me tumbo desnuda en la cama, pero no tardo en levantarme puesto que el pelo la mojaba toda, ¡dichosos secadores de cortesía de los hoteles! Opto por dejar secar al aire el pelo saliendo a la terraza con la toalla enrollada al cuerpo y sentándome en la silla apoyando los pies en la barandilla. Tras un ratito de ir soltando el pelo, pongo la ropa en la mesa para airearla y en los movimientos se afloja un poco la toalla y como nadie me ve, decido quedarme tomando el sol así sentada, con los pies en la barandilla y la toalla abierta. ¡Que a gusto se estaba! ¿Se le puede llamar nudismo a esta situación?

El teléfono no sonaba y ya muy aburrida, oigo la conversación de la habitación de al lado, en un menorquín cerrado pero entendible: un chico decía a otro que esta tarde deberían volver a correr un par o tres más de kilómetros pues mira, mira ya está rosadito y en unos días desaparecerán las marcas. Yo no me lo creía ¿serían los chicos que había visto antes corriendo por la playa desnudos?. ¿A qué se refería el rosadito? Mi curiosidad era tan fuerte que instantáneamente y sin saber lo que iba a ocurrir, me levanté para asomarme y ver si lo eran. ¡Pillada! Me levanto desnuda como estaba, con la sensación de que nadie te ve pues estaba frente al mar y me asomo instintivamente, la verdad poco discreta, hacia la terraza de mis vecinos runners nudistas. Planchazo: uno estaba tendiendo la toalla y nos encontramos las miradas de frente, ¡ambos desnudos! Por vergüenza ambos nos escondimos como si fuera posible negar lo sucedido. Me meto dendro de la habitación dejando la ropa fuera en la terraza. El teléfono sigue sin sonar, ya tengo hambre y a la vez me están entrando ganas de seguir tomando el sol desnuda! Bajo de la habitación para comer algo en el bar de la piscina y opto por ponerme sólo la camiseta y el culotte con las sandalias, sinceramente el sujetador no estaba muy limpio y realmente yo no lo necesito demasiado. Me tumbo en una hamaca y plis plas mi culotte sigue pareciendo un bikini, tomo el sol un ratito en topless como muchas otras chicas, ¡se nota que esto es Menorca!. (En otros hoteles con piscina el topless es nulo o muy esporádico). Me baño sabiendo que nada transparentará y al salir del agua: ¡Ahí va! los dos chicos de la habitación de al lado: ¡tierra trágame! Me pongo super nerviosa y me pongo la toalla al cuello tapándome estratégicamente mis pechos. El chico moreno tras un intento de disculparse por haberme visto desnuda y de comentarme que no pasa nada, que ellos incluso en la terraza toman el sol desnudos y de que aquí se puede hacer nudismo en muchas playas, me bloqueo, me olvido que quería ir a comer y les digo que me iba. Parezco muy maleducada pero me largo. Voy como si estuviera escapándome y ando hacia la playa para relajarme, ¡habiendo dejado la camiseta en la hamaca! Bueno, no importa, la toalla me tapaba bien los pechos. Voy pensando y dando vueltas a la situación con los chicos y lo impresentable que he sido con ellos, a la vez que pensando que incluso siendo menorquínes podrían hacerme de guía por... ¿playas nudistas? Mi cabeza ardía y ya había andado un montón, lo noté pues el sector de la playa era, salvo alguna excepción, totalmente nudista. Me dije: ¡ahora o nunca! Miro alrededor tendiendo la toalla sobre la arena, llevaba solo el culotte e iba a quitármelo pues tenía ganas de repetir la sensación de la terraza, pero me sentí observada, aunque realmente creo que nadie ni se dio cuenta que estaba allí. Mi sensación era de que me señalaban diciendo: mira esa con la ropa interior, pero me incomodaba quitármelo todo. Parecía tonta de lo indecisa que andaba y lo zanjé entrando al agua en topless. Iba ya relajándome en el agua y pensaba ya en ir a tomar el sol, quería desnudarme pero no me atrevía, me comprobé que no transparentara nada pero sí que vi que marcaba mucho, seguía sin atreverme a desnudarme, y ya a dos metros de la toalla, oí por atrás dos chicas diciendo: no espera un poco, vamos más allí que aquí no es del todo nudista. No eran voces familiares pero parecía que me estuvieran retando: por mi culpa esta zona no es nudista me dije. Y culo en pompa me quito el culotte lo escurro un poco y aquí empieza mi primer nudismo público. Para mi alegría esas dos chicas se instalan muy cerca y con un poco de duda acaban desnudándose completamente. Por sus marcas pienso que es también su pirmer contacto con el sol directamente en todos sus rincones. ¡Bienvenidas! ya somos tres más incorporadas al mundillo del nudismo, me digo por dentro.

Hasta el día siguiente no llega la maleta y la recibo con alegría por el secador, el pareo, la neverita... Pero por los bikinis... Sí que me los pondría durante los próximos días, ¡pero no para tomar el sol ni bañarme!

Ahora siempre que voy a la playa busco que sea naturista, y si no lo es, me pongo lo más alejada posible y a menudo hay algún que otr@ nudista.


Share

Ver más anécdotas


e-mail Envía tus anécdotas y también las incluiremos

Ir a la página de inicio