Anécdotas de "La primera vez"

Jose (26/02/2011)

Mi primera vez en contacto con una playa desnudo fue en vera en el año 2010. Soy hombre de 45 años de edad. Pasamos unas vacaciones en un pueblo costero cerca de Vera, mi mujer y mis dos hijas. Decidimos un día acercarnos a Vera apasar el día. Al entrar en la playa nos pareció como otra playa cualquiera, pero a medida que avanzábamos hacia la zona nudista, nos encontramos que cada vez había más gente desnuda, hasta tal punto que con el bañador puesto te sentías incómodo, por lo que decidimos desnudarnos. Y tengo que decir que la sensación de estar desnudo en contacto con el aire, el agua, y delante de todo el mundo sin ningun pudor es una sensacion muy gratificante de total libertad y de fusión con la naturaleza.


Nacho (20/03/2011)

La primera vez que hice nudismo tenía 23 años. Era algo que siempre me había llamado la atención y, de hecho, raro era el amigo cercano que no me había visto desnudo alguna vez en algún botellón casero o en la piscina de alguno de ellos. Pero no fue hasta el verano de 2003 cuando, en las calas de Roche, en Cádiz, me quité por primera vez el bañador ante desconocidos.

Estaba con algunos compañeros de facultad en una de las calas sólo para textiles y propuse que fuéramos a alguna otra donde hubiera nudistas. En principio, una de mis amigas parecía dispuesta a acompañarme, pero al final se rajó y me fui solo. Fui asomándome por cada cala hasta que vi una que, aunque no era totalmente nudista, sí que tenía en uno de sus extremos un grupo de bañistas desnudos. Así que, dado que no tenía ganas de andar más, bajé a ésa.

Recuerdo que cuando fui consciente de que en breve iba a tenderme desnudo al sol sentí un enorme cosquilleo en el estómago y creo que tuve un principio de erección. Estaba realmente emocionado. Bajé lo más rápido que pude y busqué detenidamente un sitio donde colocar la toalla.

Me decidí por un hueco entre las rocas donde no había nadie. Me daba corte debutar en el nudismo colocándome en mitad de la gente diciendo "aquí estoy yo". Así que, allí estaba yo, sentado aún con el bañador puesto en un pequeño hueco donde sólo veía rocas a la izquierda, rocas a la derecha y el mar en frente. Entonces me quité el bañador sentado, nada de bajármelo de pie, y me quedé ahí, algo encogido tratando de disimular la erección que, como muchos nudistas primerizos confirman, suele aparecer en cuanto la brisa marina roza por vez primera el pene.

Me había situado en un lugar tan recogido que debí de despertar las sospechas de un grupo de nudistas de mayor edad que yo que estaba al otro lado de las rocas. Uno de ellos, de hecho, avanzó hasta esquivar la roca para ver qué hacía. Me dio la sensación de que al ver que me había desnudado confirmó que era uno más y que no llevaba una cámara escondida ni iba de mirón.

Así estuve un buen rato, hasta que me di cuenta de que necesitaba algo más de emoción y decidí cambiarme de sitio y ponerme en un lugar más visible. Quería experimentar al 100% lo que significa el nudismo, y estar escondido detrás de unas rocas sin que nadie te vea evita esa sensación de estar desnudo delante de la gente. Me levanté, cogí la toalla y el bañador y, sin ponérmelo, rodeé la roca y me coloqué donde mucha gente podía verme. Un grupo de chicos un poco apartados se fijó en mí y creo que hicieron algún comentario porque mi pene aún no estaba relajado del todo. Detrás de mí había una pareja (la chica en top-less y el chico con bañador) que también se fijó en mí al llegar.

Aguanté muy poco tiempo ahí. Eran demasiados ojos pendientes de mi cuerpo desnudo, o eso pensaba yo, para la primera experiencia. Así que regresé de nuevo a mi lugar entre las rocas. En el camino se me cayó el bañador, pero no me di cuenta hasta que, un rato después, un chico que pasó delante de mí lo llevaba en la mano y me preguntó si era mío. Lo cogí y le di las gracias. Era la primera vez que intercambiaba unas palabras en pelotas con un desconocido.

Este chico se situó al otro lado de la roca que estaba a mi izquierda. Sólo nos veíamos cuando se ponía de pie. Al poco de llegar vi que se levantaba y, también desnudo, se iba hacia el agua a darse un baño. Eso era algo que yo todavía no había hecho, por lo que cuando volvió a su toalla (no quería coincidir con él) yo me levanté y me encaminé al agua. Aquel baño duró dos milisegundos, lo que tardé en mojarme el cuerpo y la cabeza, sin perder de vista en ningún momento mi toalla y mi bañador recuperado. Inmediatamente volví a la arena y observé que el chico de al lado me estaba mirando sin ningún disimulo de arriba a abajo, pero lo cierto es que no me incomodó, probablemente porque soy gay.

Lo que sí que me hizo sentir verdaderamente incómodo fue que más tarde, cuando estaba sentado otra vez en la toalla, apareció una parejita de adolescentes que se sentó en una pequeña roca junto al mar y de vez en cuando me miraban. El remate fue una niña pequeña que, junto a su madre, parecía estar buscando coquinas o lo que fuera en las rocas. En un momento dado pillé a la niña mirándome el pene y comentando algo con su madre, que también me miró. Ahí fue cuando cerré las piernas para asegurarme de que no se me viese nada desde donde estaban.

Cuando ya llevaba bastante rato, y después de unos cuantos baños del chico de al lado, que me miraba dejándose ver, decidí volver con mis amigos, pero antes quería remojarme un poco porque estaba sudando como un pollo. Fui más decidido que la primera vez, me metí en el agua y salí de vuelta a la toalla. Me sequé y, como sabía que el chico de al lado me miraba, me puse el bañador para ocultar (que no la oculté en absoluto) la gran erección que tenía en ese momento. Cogí mi toalla y me fui. Cuando llegué a la escalera me paré para sacudirme la arena de los pies y ponerme las zapatillas. En ese momento, el chico aquél me adelantó y empezó a subir por delante de mí. Después subí yo y era él el que estaba parado arriba esperándome. Creo que mi erección no disimulada le hizo creer que buscaba rollo, y la verdad es que nada más lejos de la realidad en mi primera experiencia como nudista.

Volví a la cala donde estaban mi amigos con un cierto nerviosismo porque ese chico parecía seguirme, pero cuando vio que bajé a la primera cala y me reuní con mis amigos se fue.

Es lo que tiene ir solo a hacer nudismo, que parece que estás buscando sexo, y aunque a veces he tenido algo en la playa de Levante de El Puerto de Santa María, la mayoría de las veces lo único que he querido es pasar un día de playa con la libertad de estar en bolas tirado en la arena.

Después de esa primera experiencia no ha habido verano en que no haya practicado el nudismo, en Cádiz, en Málaga, en Doñana, en el Algarve y en la costa almeriense. El problema es que no tengo amigos que lo practiquen y o voy solo, con lo que los tíos de alrededor creen que estoy permanentemente buscando tema, o con dos amigas mías que son lesbianas y que lo más que hacen, cuando lo hacen, es top-less. Vamos, eso que se llama CFNM (Mujeres vestidas con hombres desnudos), y que ahora me he enterado que es como una práctica de moda o algo así...

Mi sueño es ir a un camping nudista y ver qué se siente estando todo el día desnudo y haciendo todas las actividades cotidianas de un camping sin nada de ropa (tengo que advertir que con el tiempo conseguí que la desnudez fuera más natural en mí y ya no tengo tantos problemas con las erecciones como en esa primera experiencia). Pero no tengo con quién ir porque solo no quiero, dado que debe ser aburridísimo y, además, en muchos sitios no te dejan alojarte si no vas como mínimo en pareja. También me parece interesante una iniciativa de la Asociación de Naturistas de Córdoba, que cada cierto tiempo celebran una jornada nudista en los baños árabes, pero no conozco a nadie.

Por lo tanto, tengo que conformarme con ir de vez en cuando a la playa solo. Si alguien está en mi misma situación y quiere contactar conmigo para que podamos vivir nuevas experiencias nudistas en compañía, mi dirección de correo es overoh1980@gmail.com.


Marcos (19/04/2011)

Cuando tenía vida de casado, ahora vivo separado, era muy común para nosotros en casa que mis dos hijos estuvieran desnudos, el mayor de 15 y el menor de 9, todo el día sobre todo en verano. Para nostros era muy normal que cualquiera de ellos o mi cuñada, que también vivía con nosotros entrasen en nuestra habitación desnudos a conversar mientras que yo estaba con igual traje (desnudo) echado encima de la cama viendo televisión y mi mujer solo con calzón a mi lado; ninguno de nostros se incomodaba por la condición del otro. Poco tiempo después, debido a problemas en su casa, la enamorada de mi hijo mayor se vino a vivir con nosotros y aceptó este estilo de vida tan relajante aunque no quiso practicarlo. Nosotros muchas veces conversábamos, jugábamos y hacíamos todas nuestras actividades familiares en total desnudez incluso recibir visitas. El más entusiasta en esta sana filosofía de vida ha sido mi hijo menor, que hasta ahora la practica a sus 18 años y no quiere dejarla por nada del mundo. Como dicen otros es algo muy relajante y que invito a practicarlo.

En diciembre del año pasado estuve en la ciudad de Tarapoto por razones de trabajo durante casi 4 meses y todos los días era para mí lo mas normal ir al río a bañarme 4 o 5 veces sin ropa alguna. Dejaba toda prenda en mi aposento de descanso en el lugar de trabajo (Puerto Sauce) y me iba así al río Huallaga que estaba a unos 100 metros. A veces me encontraba con una vecina con la que nos hicimos muy amigos y mientras ella lavaba la ropa de su familia yo me bañaba y conversábamos en la forma mas natural de cualquier tema; al principio algunos compañeros de trabajo se reían de mi estilo pero luego cuando les explicaba las ventajas se decidían a practicarlo y salían muy complacidos, tanto que ahora ninguno de ellos quiere volver a usar traje de baño; incluso para convencerlos, en una oportunidad cuando les explicaba del tema, dejé toda mi ropa en el restaurante del lugar, a unos 200 metros del río, y me dirigí en total desnudez hasta éste, me bañé y regresé muy tranquilo hasta el lugar. Es preciso aclarar que en el restaurante el grupo era mixto, es decir de ambos sexos.

Lo único que lamento es que acá en Perú las mentes de la mayoría de personas no pueden aceptar todavía este tipo de vida y lo ven como ojos inquisidores como algo sucio, nada mas lejos de la realidad.

Hoy, cuando llega la noche, la desnudez total es mi mejor forma de relajarme del trabajo y los problemas.

¡Que viva el nudismo!

Si algunas vienen a Perú los espero en Chimbote.


Ver más anécdotas


e-mail Envía tus anécdotas y también las incluiremos

Ir a la página de inicio