Anécdotas de "La primera vez"


Rafael (30/04/2005)

Mi experiencia nudista es algo peculiar: Desde pequeño siempre me gustó estar desnudo (creo que es algo que sale de mi interior y forma parte de mí) y siempre que podía, desde los 9 ó 10 años, en verano solía estar desnudo en nuestra finca: me duchaba en una ducha exterior que teníamos, andaba en bicicleta y a veces me iba a dar una vuelta por un bosque cercano.

Conforme me hice un poco mayor, me empezó a dar vergüenza estar desnudo delante de mis familiares en las situaciones anteriormente citadas y sólo estaba desnudo cuando estaba solo, pero me seguía agradando mucho estar desnudo y me sentía muy cómodo.

Siempre que estaba sólo en la finca familiar solía estar desnudo y cuando hicimos la piscina también empecé a nadar desnudo en ella y descubrí la agradable sensación de nadar desnudo, me parece la forma más cómoda de nadar, ya que me gusta mucho la natación y la práctico bastante.

También corto el césped desnudo o lavo mi coche y otras actividades que hago en nuestra finca.

El pasado verano comencé a ir a playas nudistas. Pero fue poco a poco sin planteármelo previamente: Al principio me iba a playas no nudistas, pero a última hora de la tarde cuando no había nadie, me desnudaba, nadaba y luego daba un paseo por la playa y me pareció muy agradable nadar desnudo en el mar.

Sobre esto tengo una pequeña anécdota, que al principio me hizo gracia, pero luego me arrepentí un poco de haberlo hecho:

Un día después de nadar y dar un paseo por la playa, llegó un coche al borde de la playa y estuvo parado un rato, aunque no me veían y yo como dejé la ropa en mi coche no podía volver a él porque no quería que me viesen desnudo; pero como pasaba el tiempo y no se iba y me estaba enfriando porque estaba mojado y estaba anocheciendo; decidí ir hacia las duchas de la playa para ducharme y sacarme la salitre y en cuanto me vio la del coche (creo que era una mujer), se puso nerviosa, encendió el motor y se fué rápidamente.

Después empecé a ir a una playa nudista un poco apartada, en San Vicente del Grove. La primera vez fui tarde, sobre las ocho, y nada más llegar, me desnudé y me fui directamente a nadar y al salir me sentí un poco incómodo, porque me parecía que la gente se fijaba en mí y sobre todo porque ya era a mitad de verano (principio de agosto) y se me notaba que no practicaba el nudismo, ya que tenía muy blanca la zona que cubre el traje de baño; pero estuve bastante tiempo encima de la toalla e incluso me fui a dar un paseo por la playa cuando ya había menos gente, me sentí cómodo y me sorprendió que no tuviese pudor por pasear desnudo delante de las mujeres que estaban allí.

Fui varias veces a esa playa, hasta que un día me decidí a ir a la playa nudista más importante de la zona donde vivo: la de Bascuas, en Sanxenxo. Era un día de semana, a mediados de septiembre, después de terminar los exámenes y me quedé sorprendido de la cantidad de gente que había, estaba casi llena. Pasé toda la tarde en ella, nadé varias veces y di varios paseos, disfruté mucho, fui otra vez más, pero ya se acababa el verano.

A veces me pregunto porqué no empecé a ir a playas nudistas antes... Pero viendo la poca gente joven que había, quizás me lo explique y sea el pudor propio de la juventud, ya que había poca gente de menos de 30-35 años, excepto niños que iban con sus padres.

Por ahora, siempre he ido solo a las playas nudistas y aunque llevaba algún libro o revista, me aburría un poco; pero es que practico el nudismo de forma muy individual: mi familia y mis amigos no lo saben. Me gustaría conocer a nudistas e ir acompañado, incluso alguna vez un amigo me comentó que no le importaría ir, pero me daría vergüenza planteárselo.


Daniel (24/05/2005)

Voy a contar algo muy curioso respecto a mi primera desnudez pública. Como ya otros cuentan las sensaciones de libertad y de paz que genera, quiero añadir algo que me resultó gracioso y de lo que sigo riéndome cuando me acuerdo. Me fui con mi hermana a Mojácar, en Almería, y yo ya sabía que mi hermana lo practicaba asiduamente. Yo tenía unos 25 años. Cuando llegué y vi el ambiente tan cosmopolita, me gustó. Había gente en bikini, en top-less, desnudos, vestidos, con bañador de cuello alto... jajaja. Ya os digo de todo tipo y en la misma playa!! Esas condiciones me ayudaron de un modo especial. Bueno, pues llegó el momento... me quito mi bañador, y mientras me lo quitaba sentí vergüenza. Después durante todo el día, ni me enteré de que estaba desnudo. Andaba nadando, buceando, tomando el sol, hablando con mi hermana, en fin...lo que se hace cualquier día de playa.

La vergüenza venía, claro está, por lo que mostraba, y especialmente me acosaba un temor muy común entre hombres... todos iban a ver el "escaso" tamaño de mi pene!! Y más con agua fría!! Ahora lo recuerdo y me río. Pues sí, tras el contacto con el agua, aparecía entre mis piernas más una bellota que un pene... pero y qué? Insisto... y qué. Como ya os cuento, me olvidé de mi desnudez y ni miraba con obsesión a nadie ni me preocupé de mirar si otros lo hacían conmigo.

Y ahora viene lo gracioso: Como resulta que me encontraba tan bien, y se me olvidaba que estaba desnudo... me tuve que reir cuando me volví a poner el bañador, ya que ese hecho me recordó que estaba desnudo y volví a sentir vergüenza!!! Vergüenza al ponerme el bañador!! jajaja.

Bueno aquí termino mi relato y espero que alguno se ría con esto y se anime, al menos, a probarlo.

PD: A estas alturas y pasados ya 8 años... ni poniéndome ni quitándome ropa (ya no llevo bañador). ;-)


Joaquín (13/07/2005)

Hola. Me llamo Joaquín y mi primera experiencia nudista la he tenido a los cuarenta y nueve años. Me describo: soy alto (1,82) gordo (115 kg) con muchos michelines y tetas de tamaño considerable, todo lo contrario que mi pito en reposo que prefiere estar oculto y tranquilo detrás de un número importante de pieles (no estoy operado). Tengo una fea cicatriz que me hunde la mitad del vientre derivada de una operación de apendicitis hecha hace más de treinta años. Lo cuento así de sopetón por si le sirve a alguien a quien como yo le da (en mi caso daba) vergüenza su cuerpo. Siempre he sido respetuoso con las decisiones de los demás así que no me parecía mal que la gente se desnudara, pero yo... amigo, ese era otro cantar.

Me separé hace nueve años. Unos meses después conocí a una mujer espectacular y ahora estoy casado con ella. La primera vez que fui a la playa a su lado (llevábamos juntos poco menos de dos meses) me daba una vergüenza enorme quitarme... ¡la camiseta!, incluso para pasear por la playa o ir al chiringuito. Quitarme el bañador... ni lo contemplaba. Y resulta que ella es nudista y en los lugares donde no se puede desnudar por no estar permitido o por evitar enfrentamientos, lleva tanga y practica topless. ¿Cómo conjugar mi sentimiento de la Bella y la Bestia con estar junto a mi pareja y que ambos nos encontráramos a gusto? Ese mismo día, a mis cuarenta y un años decidí que si al verme desnudo en casa y en la habitación del hotel no había salido corriendo, pues quitarme la camiseta no sería tan grave. Nos os cansaré con el proceso en el que he tenido una gran dosis de paciencia conmigo mismo y mis complejos y una aplicación de la teoría del cauterio en las heridas, incluso síquicas. Pero sí contaré mi primera vez hace poco más de dos años (mis cuarenta y siete, vamos).

Estábamos en la playa de los Muertos en Almería. Mi mujer hacía nudismo en un entorno absolutamente idílico. Para quien no la conozca diré que la playa (a la que se accede a pie por un camino desde la carretera tras unos diez minutos de bajada) está rodeada de farallones rocosos y que es de piedrecitas pequeñas: ni te manchas de arena ni te haces daño en los pies. Por cierto, otro de mis "miedos" al nudismo era que si nadaba desnudo podría venir un pez y confundir el "gusanito", y morderlo o algo peor. Pero aquél día tenía en sí mismo (la luz, el entorno, mi chica, el casi silencio roto por el mar y las gaviotas) algo especial. Y me quité el bañador. Uno de esos de perneras más bien largas y anchas (estilo "impero" para que nos entendamos). Y me fui al agua. Estuve nadando con un brazo mientras que con el otro hacía "movimientos" alrededor de mis partes nobles por si los peces. Cuando salí, mi mujer estaba partida de risa. Desde la orilla parecía que me había ido al agua víctima de un calentón y que me había "desahogado", por mis extraños movimientos natatorios. Ella que me conoce sabía que no había nada de eso (es más, al salir del agua el tamaño no hacía suponer en absoluto una conducta semejante) pero según parece alguien del entorno había comentado algo, según me dijo, a media voz. Desde entonces ni me preocupan los peces.

El respeto extraordinario que he visto en las playas nudistas no las he visto en las textiles. Por eso me gustaría animar a todo el mundo a que practique el nudismo en donde pueda, a ver si ganamos espacio. Y hago la misma reflexión que hace mi mujer (ya sabéis, el fanatismo del neoconverso). Si no me ducho con bañador, ¿por qué tengo que bañarme con bañador?

Pues eso, fuera telas que la sensación es magnífica, se siente uno más integrado con la naturaleza y las toallas no llegan mojadas a casa.


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